Futuh. Una palabra árabe-andalusí. Significa aperturas — en plural, como las recibe quien se deja abrir. Ibn Arabi, nacido en Murcia hacia 1165, la formaliza en sus Futūḥāt al-Makkiyya como las iluminaciones que el conocimiento concede a quien las espera con cuidado.
No es palabra de conquista. Es palabra de umbral. Lo que se abre dentro cuando se piensa con cuidado, no lo que se gana hacia afuera.
Esta plataforma es eso: una infraestructura de gestión, datos e inteligencia artificial que se abre — al tercer sector, a la economía social, a las cooperativas y asociaciones que sostienen lo común. No conquista organizaciones. No las aplana. Acompaña su forma propia de justificar, de imputar, de dar cuenta a sus contrapartes.
Un ERP que aplane la diferencia no está ayudando; está borrando.
Futuh quiere ser técnicamente el lugar donde distintas organizaciones del tercer sector colaboran sin diluirse. La arquitectura sigue al concepto — UUIDs estables, federación de datos, una capa intermedia que permite que tu instancia y la nuestra dialoguen sin que ninguna pierda autonomía.
Construimos sobre cinco convicciones:
Primera. El conocimiento sectorial es un activo que hay que codificar, no ruido que filtrar. Los años operando desde dentro — NexoONG en ACPP (más de 100 personas y más de 130 proyectos de cooperación simultáneos) y el ESS Toolkit en CAIS (cinco años acompañando a entidades de intervención social) — no son accidentes curriculares: son los dos corpus de los que nace la lógica del producto. Futuh los funde en un solo sistema.
Segunda. La IA es útil cuando opera sobre datos bien tejidos, no cuando se pega como un chatbot encima de un ERP genérico. Por eso trabajamos con modelos abiertos europeos — Mistral como modelo de frontera — autoalojados en cooperativas de confianza, no en San Francisco. La organización elige dónde corren sus datos.
Tercera. El precio es una declaración de alineamiento. Frente a la lógica exclusiva del sector ERP — cobrar por persona usuaria, por funcionalidad, por módulo añadido, por cada acceso nuevo — proponemos una lógica inclusiva: cuotas proporcionales al presupuesto, como las coordinadoras del sector — CONGDE, REAS, CAIS, POAS —. Una organización de 300 K € no puede ni debe pagar lo mismo que una de 3 M €. Y todas las personas que sostienen el trabajo deben poder usar la herramienta sin contar licencias: usuarios ilimitados, funcionalidades ilimitadas. La tecnología no debe excluir a nadie del equipo que la sostiene.
Cuarta. La soberanía del dato no es una casilla legal. Es la posibilidad real — técnica y contractual — de llevarse los datos, de migrar, de auditar, de exportar. Código abierto sobre Odoo Community 19. Sin foso artificial.
Quinta. Futuh no es un producto aislado: es una infraestructura común habilitante. Un ecosistema — ERP, escuela, prospección de convocatorias, federación entre socias, asistente IA — donde cada pieza se sostiene por sí sola y juntas habilitan algo que ninguna por separado permitiría: que las organizaciones del tercer sector compartan infraestructura, aprendizajes y trabajo cotidiano sin renunciar a su autonomía. Ostrom mostró que los comunes funcionan cuando hay reglas claras, no cuando no las hay. Federici recordó que la infraestructura es trabajo de cuidados invisibilizado. Futuh asume las dos: reglas claras y trabajo visible.
Lo nombramos como Ibn Arabi nombró sus iluminaciones, ocho siglos antes que nosotros. Futuh. No conquistas. Aperturas.